Especial para Infocampo
¿Cómo analizar el inesperado triunfo de “Lula” Da Silva en el ballotage, en relación con la política y la economía agraria? Veamos.
En primer lugar, el productor brasileño, como ocurre en cualquier lugar del mundo, tiende a ser conservador y refractario a los gobiernos de corte progresista o populista. Brasil no es la excepción y esto se reflejó en el voto de las comunidades y los estados rurales en la primera vuelta.
En segundo lugar, el llamado agronegocio brasileño ha sabido construir una marca identitaria a nivel político, que se traduce en una bancada ruralista o Frente Parlamentario Agropecuario, transversal a distintos espacios políticos y que en la cámara baja suma casi 300 legisladores, más de la mitad de toda la cámara, al decir de ellos mismos.
El hecho es que su presidente, Pedro Lupion, hubiera sido el ministro de Agricultura de haber triunfado Flavio Bolsonaro.
El peso de estos legisladores es decisivo no solo en la cuestión agrícola sino, y tal vez más importante, a la hora de la legislación ambiental cuyo sesgo progresista en la más de las veces se da de bruces con los intereses ruralistas.
En tercer lugar y factor decisivo, Lula demostró un grado de pragmatismo difícil de superar. De hecho su primer ministro de Agricultura en este tercer mandato a punto de concluir fue Carlos Favaro, un productor y político del PSD (partido social demócrata), pero proveniente del PP, el partido de donde surgió Tereza Cristina, la ministra agro del ex presidente Jair Bolsonaro.
Y quien lo sucedió, André de Paula, no solo vino del mismo espacio, sino que en su rol de legislador votó a favor del impeachment contra Dilma Roussef, la sucesora de Lula.
Queda claro que, a sabiendas del poco afecto que le tienen los sectores rurales, el presidente Lula no buscó ponérselos de frente. Por otra parte, al dividir la estructura del Ejecutivo entre un ministerio para el agronegocio y otro para la agricultura familiar, quedó bien con Dios y con el Diablo.
Tanto Brasil, como la Argentina, los Estados Unidos y el resto de los países agrícolas enfrentan un mercado sobreofertado.
Si los precios de los commodities no son más bajos es debido a los conflictos geopolíticos, pero no a fallas de cosechas o a una demanda que exige más productividad en los lotes.
Este es el desafío de los responsables de las políticas económicas en estos países dado que se trata de una tendencia estructural, que llevará en algún momento a que se ajuste la producción para ponerla en línea con la demanda. Tanto en los Estados Unidos como en Brasil hay indicios de esto.
“El descontento del sector agrícola con Lula es muy alto y esto será un desafío, ya que la morosidad del crédito rural es muy alta y el crédito muy caro, afectado por la política fiscal del gobierno, caracterizada por un alto nivel de gasto”, explica el analista de mercados Gustavo Teixera en un diálogo que mantuvimos a primera hora de este lunes 26 de octubre.
Un reciente informe de Reutes señala un incremento significativo en la mora bancaria de los productores: la deuda considerada incobrable se disparó a casi 20% de la masa crediticia, contra un 5,5% hace dos años.
La combinación de los altos costos y altas tasas de interés (pasaron de 2 a 15% en cinco años) detonaron los márgenes de los productores brasileños y llevaron a que la deuda denominada “problemática” alcanzara a unos US$ 33.000 millones, cuatro veces más que hace dos años.
Como corolario, otro indicador de la crisis en la agricultura del vecino país es la cantidad de propiedades rurales embargadas o saliendo a remate, y los pedidos de quiebra que en 2025 crecieron 56%, sobre un 2024 que había duplicado a 2023.
En la otra punta, la política de Lula incrementando los cortes con biocombustibles (cortan al 32% con etanol y al 15% con biodiesel) es un soporte fuerte para los agricultores brasileños, a diferencia de lo que ocurre en la Argentina donde el gobierno no quiere elevar los cortes más allá del 15 y 10% respectivamente.
Por otro lado, la respuesta del mercado corriendo hacia el dólar y depreciando el real puede resultar beneficiosa para el agro en tanto mejora la relación ingresos/costos.
Para concluir, Teixeira sostiene que el posicionamiento de Lula respecto de la tensión China – EEUU será clave debido a los aranceles que los productos brasileños pagan en los mercados de destino.
En síntesis, seguramente habrá más de lo mismo en un cuarto gobierno de Lula y respecto de la Argentina habrá que ver si podrá sostener el ritmo de expansión de su sector agrícola o finalmente veremos un ajuste en función de las condiciones del mercado global.