
La oportunidad de Argentina de crecer en la producción de granos y otros cultivos se apoya en varios factores: uno es la ampliación de la frontera agrícola hacia zonas hoy desaprovechadas; otro es mejorar la productividad por hectárea.
En ambos casos, hay una tecnología fundamental para lograrlo: el riego. En zonas como el norte de Río Negro o las tierras áridas del NOA, la incorporación de pivots o sistemas por goteo pueden sumar áreas productivas con muchísimo potencial.
A la par, en aquellos lugares donde la siembra ya es intensiva y extensiva, garantizar un flujo de agua constante y que complemente a las lluvias naturales, permite fijar pisos productivos y explorar techos de rendimiento más altos.
Desde el Gobierno nacional son conscientes de esta gran oportundiad de generar más producción, lo que significa mayor desarrollo económico en el interior y también mayor generación de divisas por parte del sector que hoy es el principal motor del país.
Por eso, en el Régimen de Incentivo a las Medianas Inversiones (RIMI) se incluyeron importantes beneficios fiscales y económicos específicos para aquellos productores que quieran incorporar o ampliar la cobertura con riego.
El tercer programa de Infocampo Estudio, la nueva apuesta audiovisual de Infocampo, abordó el tema en profundidad.
La frontera del agua: potencial y costos del riego, ¿la nueva revolución del campo argentino?
Ahora, en la cuarta entrega el tema, se siguió debatiendo de la mano de una entrevista a Manuel Chiappe, subsecretario de Producción Agropecuaria y Forestal de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGYP), quien resaltó el potencial del riego en Argentina y cómo estos beneficios del RIMI ya están derivando en un gran flujo de inversiones.
-Subsecretario, para comenzar con una radiografía del sector, ¿cuál es la superficie regada actualmente en la Argentina y qué potencial real existe para seguir creciendo?
-Manuel Chiappe: Hoy estamos en aproximadamente 2 millones de hectáreas regadas en el país, pero tenemos el potencial de crecer al menos 4 millones de hectáreas más. Hay muchas zonas con agua de excelente calidad que debemos aprovechar. Vemos un fuerte interés de los proveedores de tecnología en incorporar superficie y de los productores en invertir. Estamos presenciando una conversión desde el riego tradicional por manto hacia sistemas mucho más eficientes como el pívot central y el goteo subterráneo, que viene creciendo con mucha fuerza.
-Una de las principales barreras históricas ha sido el costo de la tecnología. ¿De qué montos de inversión estamos hablando y qué incentivos concretos ofrece hoy el Estado para tomar la decisión?
-Es una inversión significativa: instalar un equipo representa entre 2.000 y 4.000 dólares por hectárea según la tecnología, lo que en ciertos casos equivale casi a comprar el campo de nuevo. Sin embargo, el marco actual de estabilidad macroeconómica y las reglas claras generan confianza. En materia de incentivos, la clave es el Régimen de Incentivo a las Medianas Inversiones (RIMI), incluido en la Ley 27.802 de modernización laboral sancionada en marzo de 2026.
-¿Cuáles son esos beneficios?
-A través del sistema de gestión en ARCA, que ya se encuentra 100% operativo, los beneficios son inéditos: se puede amortizar el equipo tirándolo a gasto en 1 año, se recupera el IVA de las inversiones en apenas 3 meses, la alícuota del IVA para la actividad bajó del 27% al 10,5%, y los aranceles de importación cayeron del 14% al 2%, sumado a la eliminación del Impuesto PAIS, abaratando los equipos casi un 10%.
-¿Cómo está respondiendo el mercado a estas medidas? ¿Se percibe ya un impacto en las ventas de equipos?
-La respuesta es excelente y los productores nos están apurando para aprovechar el régimen. Recientemente se concretaron ventas por 600 equipos pívots y ya se negocian cerca de 800 adicionales. En zonas más áridas, el riego por goteo superficial y subterráneo creció en unas 10.000 hectáreas. Prevemos que en el próximo año y medio habrá un crecimiento exponencial en la adopción de estas tecnologías.
-Habitualmente se asocia el riego a los grandes cultivos de granos. ¿Qué ocurre con otras cadenas productivas como la horticultura, los frutos secos o la ganadería?
-El impacto es federal e integral. Vemos un avance muy importante en producciones intensivas, como la horticultura en Río Negro o el cultivo de pistacho en San Juan, donde la eficiencia hídrica es crítica.
Además, está apareciendo un actor fundamental: la producción de proteínas animales (carne y leche). El riego actúa como un estabilizador de la producción y de las reservas forrajeras frente a shocks climáticos como el fenómeno de La Niña. De hecho, realizamos una jornada junto a productores lecheros en el INTA Manfredi para articular el uso del riego con el tratamiento de efluentes.
Estudiaron el riego por goteo durante 9 años y confirmaron 77% más rendimiento en el maíz temprano
-Para hacer frente a estos desembolsos, el financiamiento es crucial. ¿De qué manera está acompañando el sistema bancario al productor?
-Mantenemos mesas de trabajo constantes entre empresas proveedoras, la Secretaría y entidades financieras como el Banco Nación y el Banco BICE del Ministerio de Economía. La banca se ha puesto muy creativa ofreciendo líneas con leasing, warrants y esquemas valor-producto. Se busca calzar los créditos con plazos de amortización de 5 a 7 años y períodos de gracia más extensos. La demanda es altísima: ferias como ExpoAgro y Agroactiva registraron récords de colocación de créditos.
-Por último, ¿cómo se articula este impulso nacional con las distintas provincias?
-El trabajo con los ministerios de producción y secretarías de agricultura provinciales es cotidiano. Estamos cruzando información estratégica para relevar mapas de acuíferos, evaluar la disponibilidad del recurso hídrico superficial y verificar la calidad del agua. Esta sinergia entre el sector público nacional, las provincias y los proveedores privados es la base para lograr una transformación productiva sostenible y de largo plazo.