
La Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus Maidis, el nombre científico de la temida chicharrita del maíz, confirmó este lunes lo que ningún productor del cereal quería escuchar: efectivamente, y tal como vienen alertando otros reportes, la presencia de la plaga está siendo alta.
Aunque la amenaza se centra sobre las zonas endémicas (NOA y NEA), y no sobre el centro del país donde fue el gran problema de la cosecha 2023/24, que la población de estos insectos no se esté reduciendo constituye una señal de alerta.
De hecho, el último informe nacional de cultivos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) y un análisis de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) hicieron referencia a este fenómeno, e incluso advirtieron daños que no se preveían en maíces cosechados en el norte del país.
“El frío hasta ahora no fue suficiente en las zonas endémicas y se encienden luces amarillas de cara a la próxima campaña”, señala la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis en su 46° informe, desde que comenzó a funcionar hace dos años precisamente luego de la fatídica campaña 2023/24.
Cada 15 días, esta Red toma información de las poblaciones mediante trampas cromáticas adhesivas, y para el período entre el 1 y el 16 de julio pasados reveló datos que invitan a, cómo mínimo, estar muy atentos y ajustar las estrategias para evitar que la plaga se siga expandiendo.
“Pese a la época del año, en las regiones endémicas (NOA y NEA) la chicharrita sigue registrando una presencia amplia: aparece en más del 90% de las localidades monitoreadas, y un 75% registra las categorías más altas (más de 100 adultos por trampa)”, indica el relevamiento.
Por el contrario, en las regiones Centro-Norte, Litoral y Centro Sur, se observó una marcada disminución de los niveles de captura, aunque en las dos primeras siguen predominando las localidades que registran el vector.

Trampa cromática para monitoreo de chicharrita del maíz (Inta Marcos Juárez)
Concretamente, en cada zona la situación es la siguiente:
El norte bajo presión: la chicharrita del maíz se confirma nuevamente como una firme amenaza
Bajo este panorama, desde la Red consideraron “fundamental” sostener esquemas de monitoreo activos y sistemáticos, aun durante las etapas finales de cosecha de los maíces tardíos, para comprender la dinámica poblacional estacional de la plaga a escala regional.
Al respecto, recordaron que la presencia de plantas voluntarias de maíz –los denominados maíces “guachos”– en lotes ya cosechados constituye un componente epidemiológico de gran importancia, ya que actúan como un “puente verde” que favorece la supervivencia y permanencia del Dalbulus maidis, contribuyendo a la continuidad del patosistema entre campañas.
Por eso, “el monitoreo de estos hospederos resulta estratégico para la detección temprana de focos de persistencia y para la estimación de densidades poblacionales remanentes”, repasaron.
Asimismo, mencionaron que estas “luces amarillas” deben llevar a evaluar estrategias de manejo complementarias que podrían implementarse para reducir la abundancia poblacional del vector, en caso de que las condiciones ambientales no favorezcan una disminución natural.
El informe completo de la Red y el detalle por regiones se puede ver en https://www.maizar.org.ar/vertext.php?id=1017