Solo la calidad salva una vendimia para el olvido: “He visto algo que nunca, que se deje la uva en la planta”

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La 2026 será sin dudas una vendimia muy recordada para la vitivinicultura argentina. Es que las condiciones climáticas, en un año clasificado como frío y húmedo en los principales valles del país, anticipan una calidad excepcional en los caldos de los vinos de esta añada, lo que contrasta con una crisis estructural que parece no tener solución y deja un preocupante panorama de cara al futuro.

Desde los rindes, los productores coinciden con la baja pronosticada por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), que según la primera estimación oficial realizada en febrero de este año, la cosecha en Mendoza -principal provincia productora del país- alcanzaría los 13,45 millones de quintales, lo que implica una caída cercana al 9% respecto a 2025.

Sin embargo, mucha de esa uva no se pudo cosechar por la falta de recursos por parte de los productores y ha quedado en los viñedos, comprometiendo la producción de cara al 2027.

Asimismo, en un año que se ha definido como de mercado de vinos o de traslado, quienes pudieron levantar la materia prima tuvieron que afrontar los bajos precios a los que se pagó en primera instancia o tuvieron que encarar por cuenta propia la elaboración de los mostos para poder venderlos en un futuro.

UNA VENDIMIA CON BUENA CALIDAD, DE NORTE A SUR

Más allá de esa fotografía que deja el sector, para Marcelo Belmonte, director de Vitivinicultura y Enología de Grupo Peñaflor, la cosecha 2026 se perfila como una de las más destacadas de los últimos años en la vitivinicultura argentina.

“Fue, para mí, fantástica. Tuvo cierta similitud con la 2021, tal vez un poco más lluviosa”, afirmó el viticultor.

De acuerdo a Belmonte, el año se caracterizó por temperaturas más frescas, un factor que resultó determinante. “Los años fríos son años de mucha calidad y lo hemos notado en toda Argentina”, sostuvo.

El Grupo cuenta con la particularidad de contar con viñedos en todas las latitudes de Argentina, en los Valles Calchaquíes con El Esteco, en San Juan con Finca Las Moras, en Mendoza con Trapiche, en la Costa Atlántica con Costa & Pampa y en la Patagonia con Marantiqua, su bodega en San Patricio del Chañar. 

En ese contexto, si bien la producción resultó menor a la proyectada -producto de la disminución de la superficie plantada y el reordenamiento de stocks a nivel global-, la calidad se mantuvo alta en todas las variedades, conforme explicó Belmonte.

“Los Malbec estuvieron muy bien, al igual que los Cabernet Sauvignon y los Cabernet Franc. Este fue un gran año para esa cepa”, destacó.

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En cuanto al comportamiento regional, para el experto la cosecha mostró una inusual homogeneidad. “Fue un año de mucha consistencia”, señaló Belmonte. Incluso zonas históricamente disímiles respecto a lo que sucede en Cuyo respondieron de manera similar ante las condiciones del año, incluso el Valle Calchaquí mejoró su productividad y alcanzó “una calidad excepcional”.

En la Costa Atlántica, en cambio, las lluvias impactaron en los rendimientos. “Fue un año más lluvioso y las productividades fueron menores”, explicó. Sin embargo, las condiciones de viento mitigaron problemas sanitarios y permitieron sostener el perfil de los vinos: “Se mantuvieron frescos, lineales y con muy buena acidez”, describió Belmonte.

En el sur, por su parte, las heladas tempranas afectaron los volúmenes, aunque no comprometieron la calidad final de los vinos. “Fue un año de buena calidad, lo cual fue importante para toda la industria”, completó el responsable de la Vitivinicultura y Enología de Grupo Peñaflor.

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VINOS FINOS Y ELEGANTES

En el caso de la provincia de Mendoza, para Diana Fornasero, Head Winemaker de Viña Cobos, la cosecha 2026 en la provincia “fue, ante todo, un trabajo de interpretación y de equipo”.

De acuerdo con la enóloga, el clima templado dio una base muy noble, con madurez sostenida y taninos naturalmente pulidos. “Pero el verdadero diferencial estuvo en cómo supimos leer cada momento y actuar en conjunto”, destacó.

Como los definió la experta, el espíritu de 2026 se puede definir en “vinos pulidos, finos y elegantes, pero también vivos, con carácter y energía”. Pero, sobre todo “en el trabajo colectivo que permitió que todo eso llegue de forma clara a la copa”.

Fornasero, hizo foco en que los vinos de esta añada tendrán algo que va más allá de lo técnico. “Combinan fineza y elegancia con una muy buena concentración, y al mismo tiempo transmiten energía. No son vinos pesados, sino todo lo contrario: tienen tensión, dinámica y un recorrido que los hace vibrantes, con profundidad pero sin perder frescura”, dijo.

Esto, de acuerdo a la especialista, “es el resultado de muchas decisiones compartidas, de estar presentes en cada detalle, desde la viña hasta la bodega”.

“El equipo fue clave para sostener ese equilibrio, entendiendo que el desafío no era intervenir de más, sino acompañar con precisión lo que la cosecha nos ofrecía”, completó.

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UNA CRISIS QUE SE PROFUNDIZA

Pero más allá de la calidad que se vislumbra desde lo técnico para esta nueva cosecha, una gran preocupación para muchos productores es la crisis estructural que vive la industria vitivinícola, la cual llevó a que muchos de ellos a dejar la producción en el viñedo, provocando así un problema actual y futuro para la sanidad de las plantas.

“La vendimia ha sido triste, sin recursos, sin políticas claras y sin un gobierno provincial atendiendo la crisis”, afirmó Emmanuel Carbonero, quien lidera las operaciones de Carbonero Wines en el Este mendocino. “En volumen estaremos cerca a lo pronosticado por el INV”, comentó.

Pero más allá de lo productivo, desde su análisis, lo más preocupante es la falta de recursos para poder afrontar los costos de la actividad y el avance de una de las enfermedades más importantes a nivel mundial.

 “El desafío es lo que viene pasa más por el abandono de viñedos. Hay muchos sin cosechar y muchas bodegas que no abrieron y si se les cae el número de INV es casi imposible volver a recuperarlo. La falta de recursos para trabajar viñedos y curar ya deja ver una peronospora muy diseminada en la zona Este. Esto ya marca un antecedente muy importante para la vendimia 2027”, anticipó.

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Esta lectura coincide con la de Martín Hinojosa, productor y ex presidente del INV. “Hay un montón de bodegas que no han comprado uva, por lo que muchos productores han tenido que elaborarla y hacer vino. Esto es un problema para un mercado de traslado que ya está complicado, con precios iguales a los que teníamos en el año 2022”, declaró.

Este escenario deja un panorama complicado para los productores, de acuerdo a Hinojosa, quienes no tendrán la posibilidad de reinvertir en los viñedos, profundizando así la crisis.

“No hay manera de invertir con los valores a los que se ha pagado la uva y los que está pagando el vino. He visto algo que nunca, que es que se deje la uva en la planta. Todo esto hace que se rompa la cadena de pagos y que no exista un piso en los precios. Vos podés vender más barato, pero no hay quien te compre”, se lamentó el ex funcionario.

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